CÓMO EDIFICAR UN HOGAR QUE PERMANEZCA
Apreciados padres:
Cuando hablamos de edificar un hogar, muchas veces pensamos en construir una casa: buenos cimientos, paredes firmes, un techo seguro y todo aquello que nos permita brindar bienestar a nuestra familia. Pero hoy queremos invitarlos a detenernos y hacernos una pregunta más profunda:
¿Estamos construyendo una casa o estamos construyendo un hogar? Una casa se construye con materiales; un hogar se construye con personas, decisiones, tiempo, amor y valores.
Jesús nos dice en Mateo 7:24-25 que quien escucha sus palabras y las pone en práctica es como aquel hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Llegaron la lluvia, los ríos y los vientos, pero aquella casa permaneció firme.
Las tormentas llegarán. Habrá dificultades económicas, pérdidas, enfermedades, desacuerdos y momentos que no podremos controlar. La pregunta no es si tendremos tormentas, sino: ¿Sobre qué estamos edificando nuestro hogar para cuando lleguen?
LOS CIMIENTOS DEL HOGAR SE CONSTRUYEN EN EL CORAZÓN

Toda construcción comienza por los cimientos. Nadie empieza a construir una casa colocando primero el techo. De la misma manera, una familia necesita fundamentos sólidos. El amor es uno de ellos, pero el amor verdadero no consiste solamente en decir “te amo”. Se demuestra en la paciencia, en el sacrificio, en escuchar, en perdonar y en permanecer. Un hogar comienza a
debilitarse cuando dejamos de hablarnos, acumulamos resentimientos o preferimos tener la razón antes que recuperar la relación. También podemos caer en el error de pensar que darles a nuestros hijos todo lo material es suficiente. Podemos trabajar para que no les falte nada y, sin darnos cuenta podemos faltar en tiempo, en escucha, en acompañamiento y en presencia. Por eso, como padres, debemos preguntarnos con sinceridad:
¿Qué están recibiendo nuestros hijos de nosotros: ¿solamente lo material o también nuestro tiempo, nuestro ejemplo y nuestro amor?
Cada palabra que pronunciamos es un ladrillo. Cuando decimos “estoy orgulloso de ti”, “te perdono”, cuando escuchamos en lugar de juzgar y cuando pedimos perdón construimos. Pero nuestras palabras también pueden herir. Hay heridas que no se ven, pero que pueden permanecer durante años en el corazón de un hijo.
Por eso, edificar un hogar comienza por cuidar el corazón de quienes Dios puso a nuestro lado.
EL HOGAR SE EDIFICA CON PRESENCIA, EJEMPLO Y PROPÓSITO
Nuestros hijos aprenden mucho más de lo que ven que de lo que escuchan.
Podemos decirles: “Debes respetar”, pero aprenderán a respetar observando cómo tratamos a nuestra pareja, a nuestros padres y a los demás.
Podemos decirles: “Debes saber perdonar”, pero aprenderán a perdonar cuando nos vean reconocer nuestros propios errores.
Y podemos hablarles de Dios, pero ellos comprenderán realmente nuestra fe cuando vean que nuestra relación con Él transforma nuestra manera de vivir.
Por eso debemos preguntarnos: ¿Qué estoy enseñando con mi manera de vivir?
Edificar significa escuchar al hijo que quiere contarnos algo. Significa mirar a nuestra pareja a los ojos y preguntarle cómo está. Significa compartir una comida, conversar, abrazar y estar presentes no solamente en los momentos grandes, sino también en los pequeños.
Porque nuestros hijos crecerán. Y llegará el día en que comprenderemos que muchos de esos momentos que parecían insignificantes eran, en realidad, los ladrillos con los que estábamos construyendo nuestra relación con ellos. Por eso, un hogar fuerte no es un hogar perfecto. Es un hogar donde hay amor suficiente para reconocer los errores, pedir perdón, comenzar de
nuevo y permanecer unidos.

EDIFIQUEMOS UN HOGAR QUE PERMANEZCA
Cada día colocamos un ladrillo: una palabra, una decisión, un abrazo, una conversación, un perdón, una corrección, una muestra de cariño o nuestro propio ejemplo. La pregunta no es si estamos construyendo. La pregunta es: ¿qué estamos construyendo y sobre qué fundamento?
Quizás hoy alguno de nosotros necesite reconocer que ha estado demasiado ocupado. Quizás otro necesite pedir perdón. Tal vez alguien necesite volver a escuchar a su hijo, acercarse a su pareja o volver a colocar a Dios en el centro de su hogar.
Y qué hermoso es saber que todavía estamos a tiempo. No esperemos a que llegue una tormenta para comenzar a fortalecer los cimientos. Una casa puede repararse, una pared puede levantarse y una puerta puede cambiarse. Pero para reconstruir el corazón de una familia necesitamos humildad para reconocer, valentía para cambiar y amor para permanecer.
Y que esos cimientos tengan un nombre: amor, perdón, presencia, ejemplo y Dios. Hoy es un buen día para comenzar.
EDIFIQUEMOS JUNTOS UN HOGAR QUE PERMANEZCA.
Con aprecio Diana y Adriana