Palabras de Vida Mayo 2019

 SELECCIONANDO LO MEJOR

Decidir preparar un jugo no es precisamente una decisión trascendental, por el contrario es algo simple y cotidiano, sin embargo al hacerlo seguimos una serie de pasos que ya hacemos de manera casi mecánica aunque para cada uno de ellos tenemos una explicación.
Normalmente todo inicia determinando qué sabor de jugo deseo, luego viene una selección muy cuidadosa de la fruta, lavarla es bien importante porque queremos ofrecer a nuestro cuerpo y a la familia algo muy limpio, la mayoría de veces procedemos a pelarla, se corta en pequeños trozos y se licúa; una vez pasa unos minutos girando a gran velocidad y homogenizándose la mezcla de todos los elementos (fruta, agua, azúcar), cuando ya se ven como una sola sustancia, procedemos a colar para finalmente retirar por este procedimiento las molestas partículas.
Dicen los entendidos en nutrición que deberíamos consumir la fruta con la cáscara y sin colar para aprovechar todos sus beneficios, entre ellos la fibra y que nunca deberíamos agregar más dulce del que ya de por sí posee cada fruta en su propia composición.
Algo similar ocurre en nuestra vida familiar. Cuando decidimos empezar una relación que nos lleve a construir un hogar normalmente ya tenemos pensado como es la familia que deseamos tener, el perfil de la pareja que queremos a nuestro lado y hasta las condiciones de viviendo y decoración en que habitará la futura familia; pero sin darnos cuenta empezamos a seguir casi los mismos pasos que describimos en la preparación de un jugo: procuramos hacer la mejor selección, queremos conocer tanto a esa persona que es como si la peláramos y cortáramos en trocitos, ingresamos a la agitada cotidianidad que como licuadora nos da vertiginosos giros, finalmente queremos colar para sacar de la pareja lo que no nos gusta y como si fuera poco a menudo le cuestionamos que no sonríe, te pasa algo? Te disgustaste?; esto es porque siempre esperamos algo más dulce.
La vida en familia tiene todo su aprovechamiento en la propia aceptación y la de nuestra pareja, aún de nuestros hijos. El cambio solo es posible en la medida en que nos amemos, aceptemos y juntos vamos haciendo la transformación como propuesta en familia y no por imposición, al fin y al cabo todo tiene un propósito en el perfeccionamiento de nuestro ser, aprender a aceptar, a tolerar y a valorar hasta los momentos pocos felices ayudan a formar un mejor carácter y a madurar juntos.
La Palabra de Dios nos enseña en la carta a los Romanos capítulo 8 versículo 28 que “A quienes aman a Dios todas las cosas les ayudan para bien”; y quiero hacer énfasis en la expresión todas las cosas, porque es así, una familia se regocija en la alegría y se prueba en el dolor, no deseche su hogar, ni mucho menos caiga en la tentación de pensar en alejarse de casa con un tipo de divorcio discreto en que desde otro lugar de residencia sigue compartiendo tiempo con ellos pero no vivimos la cotidianidad de las vertiginosas vueltas, por favor no cuele tanto en la relación de pareja porque la fibra solo se consigue pasando el trago completo y finalmente no agregue tanto dulce porque terminará con serios problemas en la salud de su relación. Muchas veces el exceso de dulce se consigue por fuera y por pocos momentos y se llama infidelidad.
Le invito a vivir una relación con todos los ingredientes, pues ningún mar en calma hizo experto a un marinero.

Jhon Mario Quintero Arcila
Orientador Espiritual CCAH.

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