Palabras de vida – Diciembre 2019

 UNA FAMILIA CON MUCHO PARA ENSEÑAR

Llegó diciembre con su alegría, mes de natilla y requesón, de buñuelos y cena navideña, de compras y aguinaldos, de cena y mucho compartir familiar. Desde niños nuestros corazones se regocijan con la llegada de este tiempo que tanto la tradición familiar como la enseñanza bíblica nos ha enseñado muy bien el acontecimiento del nacimiento del Niño Jesús, un bebé que nos cambió la historia.

Mirar la navidad o natividad del niño Dios implica también una mirada hacia María y José: dos jóvenes que estaban comprometidos en matrimonio, según la tradición de la época ella guardándose en virginidad para él, adelantando todos los preparativos para su hogar y sobre todo amándose.

El anuncio del ángel acerca de su peculiar concepción, sitúa a María como una mujer obediente a los planes de Dios, aunque estos contradigan toda lógica humana, puesto que una mujer en su condición sin que este embarazo fuese de su esposo la colocaba ante la sociedad como una mujer adúltera, la exponía al rechazo y el apedreamiento, no solo perdería la oportunidad de estar al lado de su esposo, sino seguramente hasta su vida misma. Sin embargo, ella obedece a Dios; lo que el Señor ha dispuesto Él mismo lo llevará a feliz término, de allí se desprende una primera enseñanza para nuestra vida familiar: obedecer a Dios por encima de cualquier pensamiento humano.

Por su parte José, al notar el estado de quien estaba comprometida a ser su esposa, dicen las Escrituras que decide “Repudiarla en secreto” (Mateo 1: 19), no quiere hacerle daño ni deteriorar la imagen de ella ante los demás, no la lastimaría aunque seguramente experimentó la duda, el sentirse engañado, la decepción, la traición, sentiría quizás su corazón adolorido; pero por encima de todos estos sentimientos y mezclas de emociones alteradas, José establece que su amor es más grande, podemos aprender que cuando amamos debemos estar dispuestos a no dañar, a perdonar, a renunciar si es posible, pero jamás a lastimar porque de esa forma también protegemos nuestro corazón del rencor.

Una familia con mucho para enseñarnos, con un niño que era hijo del Mismísimo Dios, del Señor del oro y la plata, sin embargo, su nacimiento e infancia estuvieron desprovistas de lujos y comodidades, lo que nos lleva a pensar que muchas veces nos sentimos frustrados por no tener más para dar a nuestros hijos. Más bien deberíamos cuestionarnos acerca de darles suficientemente en tiempo, dedicación, comprensión, calidez, afecto y contacto físico independientemente de su edad.

Que esta navidad te permita vivir en familia al estilo de la familia de José y María porque al tener a Jesús entre ellos nada les faltaba.

Pr. Jhon Mario Quintero Arcila.
Orientador Espiritual CCAH.

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